de la puerta,
y corriendo fuiste
llenándome de pena.
Sabía yo quién esperaba
al otro lado,
más decirte nada quiso
mi susurro ya cansado.
Lágrimas que a borbotones
caían,
cada año, cada mes
y cada día,
besándote se encontraban
mis labios arrepentidos
quitándote la vida.
Más pensaré en ti
hasta el día de mi muerte,
pues será éste el precioso día
en que pueda volver a verte.
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