Mojadas mis ropas estaban
mientras mi cuerpo descendía
por aquella ligera cuesta.
Mientras llovía.
Mi rostro triste y pálido
no mostraba cortesía
más tan desorientada me encontraba
que hasta en mí misma me perdía.
No quería hacerse ver
la dulce y redonda luna
donde desde entonces vivían
una a una, y tristemente,
cada una de mis alegrías.
No hay comentarios:
Publicar un comentario