domingo, 6 de octubre de 2013

Mi perdida alegría.

Todo ocurrió aquella noche. Una oscura nube tapaba la luna, cuyo brillo se desvanecía por momentos. Al igual que mi alegría .

Iba caminando por una estrecha calle completamente a oscuras. A mi alrededor, decenas de vagabundos gemían y suspiraban su último adiós. No pude evitar sentir pena por ellos, aunque a mí el dinero no me hacía feliz. Preferiría morir de hambre que de tristeza. ¡Cuántas noches me había quedado dormido en el salón de mi mansión por los efectos del alcohol! Cuando despertaba, veía dos o tres botellas hechas añicos a ambos lados del sillón. Sólo la bebida me amaba. Mis familiares, a kilómetros de mí, me llamaban por Navidad, y en ocasiones y si se acordaban, el día de mi cumpleaños.

Normal que quisiera deshacerme de mi vida, tan amarga y solitaria. ¡Ojalá alguno de aquellos mendigos me hubiera atracado o hubiera cortado mis venas de un cuchillazo! Habría sido tan fuerte la sensación de la adrenalina en mi sangre, que en aquella oscura noche, un grito de euforia habría hecho huir a esa oscura nube que tapaba la luna, haciendo resurgir mi perdida alegría.

No hay comentarios:

Publicar un comentario